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DRAMATICO RELATO DE UNA MADRE ARGENTINA
“Hace 30 años se llevaron a mis hijos”
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La familia y la vida de Elisa Hachmann de Landín, una humilde maestra de escuela, cambiaron radicalmente después del golpe militar de 1976. Aún hoy, a sus 81 años, Elisa dedica sus días a la militancia en la Asociación Madres de Plaza de Mayo. A su lado, la foto de Martín, uno de sus hijos, desaparecido el 20 de Eenero de 1977.(Photos amasu.org-desaparecidos.org/Seinforma)
El 5 de enero de 1977 Elisa Hachmann de Landín fue secuestrada y torturada. Los militares querían saber dónde estaban sus hijos Martín y Horacio. Ella pensó que los había salvado porque no los delató, pero se equivocó. A los 15 días Martín fue secuestrado y en junio del mismo año desaparecieron a Horacio. Vivos se los llevaron, vivos los queremos, A TODOS.
Ella fue torturada, su marido no. Elisa pensó que había salvado a sus hijos por no delatarlos, pero se equivocó. A los 15 días Martín fue secuestrado y en junio de 1977 se llevaron a Horacio. Desde entonces dedica sus días a la militancia en la Asociación Madres de Plaza de Mayo.
Elisa era maestra de una escuela en Marcos Paz, lugar donde vivía con su familia. Ella seguía la misma rutina todos los días. Salía del trabajo y se iba a su casa. “Yo vivía para mi hogar, mis hijos, la escuela y nada más, no me integraba al otro ni me preocupaba si algo le sucedía”, dice la anciana de 81 años.
La familia Landín tenía una farmacia delante de su domicilio. Ese 5 de enero hace 30 años le tocaron el timbre y ocho hombres vestidos de civil con armas largas irrumpieron en su negocio y secuestraron a Elisa y a su marido.
Su destino fue la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). “Me torturaban mientras me preguntaban dónde estaban mis hijos. La sensación de la tortura es como si te sacaran el seno sin anestesia, horrible”, recuerda la pobre mujer.
En la ESMA, ubicada en la capital porteña sobre la Avenida Del Libertador, funcionó durante la última dictadura militar uno de los más grandes centros clandestinos de detención y exterminio, según los datos registrados por la Comisión Nacional de Desaparecidos (CONADEP).
La ESMA tenía tres pisos, un sótano y un gran altillo. En el sótano sobrevivió Elisa dos días. “Todavía no entiendo por qué me llevaron a mí. ¿Si yo le di la vida a mis hijos, ahora les iba a dar la muerte?” se pregunta.
Panfleteando
Martín Landín estudiaba Derecho en la Universidad de Buenos Aires pero trabajaba en un kiosco en la de Filosofía y Letras. “Yo sabía que Martín panfleteaba en la Universidad y Horacio en la fábrica”, relata Elisa.
El 20 de Enero de 1977 desapareció Martín sin dejar rastros de su destino. Durante ese año el joven universtario estaba haciendo el servicio militar y se había hecho desertor, por ello Elisa no había denunciado su desaparición. “Yo pensaba que haciendo la denuncia lo comprometía más” cuenta la madre.
En junio de 1977 se llevaron a Horacio de la fábrica donde trabajaba. Allí comenzó la interminable lucha de Elisa. “Le dije a mi marido que me iba a buscar a mis hijos. Me jubilé ese año, tenía 33 años de Magisterio. A partir de ahí me dediqué exclusivamente encontrarlos”, expresa Elisa.
Una lucha materna, no política
Su lucha recorrió todos los Organismos de Derechos Humanos. “Yo iba a las reuniones de la Liga y La Asamblea. Eran reuniones masivas de gente y se hablaba de política. Pero yo quería encontrar a mis hijos, no hacer política. Hay que tener en cuenta que yo no tenía ni idea de política. Las mujeres hasta el ´52 no votábamos” dijo Elisa.
Meses antes del golpe se había creado la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). Después del 24 de marzo se formó Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. Estos acontecimientos dieron inicio en abril de 1977 a una tozuda y memorable tarea de reclamo por parte de las Madres.
El objetivo era encontrar a sus hijos y nietos nacidos en cautiverio. Desde entonces se las conoce como las Abuelas de Playa de Mayo. Además surgieron con éste mismo objetivo el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH), quien brindaba apoyo y contención a las víctimas. El Servicio Paz y Justicia (SERPAJ), la Liga por los Derechos del Hombre y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) participaron en la búsqueda de desaparecidos, difundiendo en el exterior lo que sucedía. “La Asamblea y La Liga estaban compuestas por gente muy respetable pero no hacían nada de corazón, te atendían tipo oficina”, aclara Elisa.
Un nuevo hogar con otros hijos desaparecidos
Elisa continúa con esta incansable lucha trabajando en La Casa de Las Madres, ubicada en Hipólito Irigoyen 1584 frente a la plaza de los Dos Congresos. “El 15 de Septiembre de 1977 fui por primera vez a reunirme con las Madres en Plaza de Mayo”, dijo Elisa. Estas se reunieron por primera en la Plaza de Mayo el 30 de abril de 1977. Todas reclamaban lo mismo, todas estaban unidas por el mismo dolor, dolor que las impulsó a reunirse todos los jueves.
Desde ese entonces no existe ni un jueves sin la presencia de ellas marchando alrededor de la pirámide. Marchando y no rondando dicen ellas, porque la ronda implica rondar sobre lo mismo, “y las madres creemos que aunque sea en círculo estamos marchando hacia algo”, dice Elisa. Para Las Madres la plaza era el lugar propicio, “Allí no teníamos ni escritorios ni colas ni burocracia que nos separaran”, explicó Elisa.
“Las Madres somos un grupo de mujeres que luchamos por la libertad reivindicando a nuestros hijos como revolucionarios. En un principio nuestra meta era que haya justicia pero con el tiempo vimos que no existe y que no íbamos a lograr nada. Ahora luchamos por trabajo, educación y salud”, explica Elisa.
La unión y fraternidad lograda entre las Madres provocó un cambio en ellas. El motivo dejó de ser personal, por ello socializaron la maternidad. Sacaron los nombres de sus hijos de los pañuelos y pidieron por todos los desaparecidos. “Muchas madres no aceptaron la lucha en común y se retiraron, no entendieron lo que hicieron sus hijos, porque ahí reside la base de todo. Muchas decían, por estos negros mis hijos dieron la vida. No entendieron la lucha de ellos”, manifiesta la madre sin hijos.
Pero la tarea no fue fácil. Los obstáculos eran moneda corriente. “Los Amigos dejaron de venir y los vecinos cruzaban la vereda con tal de no pasar por la puerta de mi casa. Mucho después las cosas cambiaron y en general la gente se solidarizó conmigo”.
Pero también los obstáculos eran políticos. “Cuando las Madres iban a denunciar los secuestros en el interior del país, los comisarios les decían que no lo hicieran porque tenían más hijos y también se los iban a llevar”, asegura Elisa.
La CONADEP estima en 8,960 el número de personas que continúan en situación de desaparición forzada, sobre la base de las denuncias recibidas por esta Comisión, compatibilizadas con nóminas elaboradas por organismos nacionales e internacionales de Derechos Humanos. Esta cifra no puede considerarse definitiva ya que la CONADEP ha comprobado que son muchos los casos de desapariciones que no fueron denunciados. Asimismo, no se descarta que pudiera estar incluida en la nómina elaborada alguna persona que no comunicó oportunamente el cese de su desaparición a los organismos pertinentes.
“Nosotras siempre decimos que nuestros hijos nos parieron a la vida. Yo vivía encasillada cuidando mi quintita, mis hijos y nada más. No pensaba que otros tenían necesidades y mis hijos pudieron verlo”.
Horacio llevaba algunos remedios de la farmacia de la familia y los repartía en la villa. Elisa dice que él le preguntaba por qué había personas que tenían que vivir sin baño, ni cocina y en condiciones deplorables. “Porque son unos vagos. Hoy me arrepiento”, dijo Elisa con la mirada perdida. Ella guarda una carta de Martín que tuvo que romper en pedacitos porque le allanaron la casa cinco veces. En la carta Martín les pide perdón a sus padres por haberse dedicado a vivir para el pueblo.
El recuerdo de sus hijos le da a Elisa las fuerzas necesarias para continuar la lucha que ellos habían iniciado. Dentro de la Asociación, Elisa es la encargada del archivo fotográfico. “Igual hago mil cosas más. Recién por ejemplo, estuve contando las remeras que vendemos. También vamos a charlar con los chicos a las escuelas, atendemos a la gente”, comenta Elisa. Las Madres crearon una universidad, el Café Literario, La biblioteca, una videoteca, una imprenta, tienen archivos fotográficos y de documentos. Hace poco se fundó la primera Escuela de las Madres en Marcos Paz. “Todos los ámbitos que creamos Las Madres son para que los jóvenes tengan un lugar para compartir y debatir”, dijo Elisa.
Elisa, Madre de la Plaza tuvo dos vidas antagónicas. Soltó la Escuela, la casa y encaró la calle. Abrió sus ojos para nunca más cerrarlos. En el cuarto hay un escritorio y una silla donde Elisa esta sentada. Fija la mirada en la nada. Sus facciones no se mueven hasta que suspira de forma profunda y dice, “luchaban por algo lindo. No llevaban un arma en cada mano. Su arma era la mente”.
Por Julieta Paula Miguelez/Corresponsal Seinforma
"Las Madres somos un grupo de mujeres que
luchamos por la libertad reivindicando a
nuestros hijos como revolucionarios.
Luchaban por algo lindo. No llevaban un
arma en cada mano. Su arma era la mente.”
Elisa de Landín
Buenos Aires, Argentina.- “Ojalá perdiera la vida luchando por mis hijos, no quisiera morir en una cama”, exclama Elisa de Landín.
Elisa nació el 20 de agosto de 1926. Su vida giraba entre sus dos vocaciones, la docencia y la familia. Era el 5 de enero de 1977 cuando la secuestraron de su domicilio junto con su marido Edmundo. Los militares querían saber dónde estaban sus hijos Martín y Horacio. A las 48 horas los soltaron.