09/13/09
Por Cristians Frers/ Editor de Ecología Seinforma Canada
Carmen de Areco, Argentina.- Hace apenas unas décadas atrás, el ambiente no formaba parte de las principales preocupaciones de la humanidad. Ese rol lo ocupaban otras cuestiones entonces “más importantes” en la agenda pública internacional, como la guerra fría, la deuda externa y otros problemas.
Hoy en día, por suerte, la conciencia de que el ambiente en el que vivimos no es un recurso inagotable e invulnerable se está instalando en la cultura de las sociedades actuales y en la agenda pública de los estados.
Sin embargo, la gestión de las políticas ambientales se halla aún en pañales frente a los urgentes desafíos de las próximas décadas en las que no es aventurado suponer que asistiremos a una profunda reconversión ambiental del desarrollo y la política.
La intención de la humanidad para armonizar su relación con el ecosistema del cual forma parte ha dado lugar a una novedosa concepción, cual es la de promover el desarrollo en un marco de sustentabilidad. Los seres humanos como parte integrante y esencial de un sistema que requiere ser protegido y utilizado con criterios razonables para posibilitar el acceso a los recursos por parte de todos los habitantes de este planeta, y de las generaciones futuras. En este mundo actual no son suficientes los valores económicos para afrontar la realidad; también lo son los valores sociales, la igualdad y la protección de la tierra.
La protección del ambiente es esencial para la calidad de vida de las generaciones actuales y futuras. El reto radica en combinarla con un crecimiento económico continuado de manera sostenible a largo plazo. La política ambiental se funda en la creencia de que unas normas ambientales rigurosas estimulan las oportunidades de innovación y negocio. Existe una estrecha interrelación entre las políticas económicas, sociales y medioambientales.
Latinoamérica y las naciones del Caribe se encuentran en una etapa temprana de desarrollo. Estos países cuentan con diferentes prioridades y muchos aún necesitan llevar a cabo la transición para convertirse en naciones tecnológicamente sofisticadas y completamente desarrolladas.
Muchos de los países latinoamericanos aún sufren de la corrupción y de la carencia de instituciones que permitan el crecimiento económico. Algunos no cuentan con instalaciones sanitarias básicas ni mucho menos con las tecnologías médicas sofisticadas que disfrutan sus contrapartes de los países desarrollados. En lo referente al caso que nos ocupa, el ambiente, nos encontramos con diversas políticas: severa, lábil, suave, flexible, entre otras.
Es importante tener en cuenta que la elaboración de una política ambiental regional satisface importantes necesidades para todos los sectores de la vida local. El diseño e implementación de una política ambiental en los países actualmente en desarrollo, se erige como una condicionante importante para lograr la equidad, el desarrollo económico e indiscutiblemente, el cuidado del ambiente.
Dicha política ambiental deberá reunir características de estabilidad a través del tiempo; consistencia con el desempeño institucional y general; y de consideración de las capacidades de liderazgo público y privado, así como de las condiciones económicas, políticas y sociales municipales.
Aún más, el éxito de la gestión ambiental deberá fundarse en una clara definición de objetivos y prioridades que, además, deben ser congruentes con las necesidades reales de la sociedad.
Ella demanda que cada comunidad regional haga un balance ambiental sobre el proceso histórico de desarrollo regional. También exige elaborar un diagnóstico actualizado, definiendo cómo esa realidad ambiental es afectada hoy por su entorno económico, social, cultural, institucional, nacional e internacional.
Cada región muestra una realidad ambiental específica, en sus recursos naturales y potencialidades, en la diversidad y magnitud de los problemas que debe enfrentar, en las capacidades y compromisos de sus instituciones y en la población, entre otras.
En el Siglo XXI una propuesta política que pretende ignorar el contexto ambiental y conceptos básicos como manejo sustentable, preservación y soberanía de las cuencas hídricas y los recursos, resulta un anacronismo. (Photo Alvaro Gomez/ Seinforma)
Política Ambiental y Subdesarrollo
Si la problemática ambiental es de carácter político, así debe ser su tratamiento en la elaboración de planes, programas y proyectos de desarrollo. No hacer nada en este campo también es una política: La política del no hacer. Pero también existe la política del impedimento.
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La realidad ambiental de la región va cambiando día a día, por el impacto del crecimiento demográfico o económico, la introducción de nuevas tecnologías o las pautas de comportamiento de la población. También pueden cambiar los recursos de que disponen las autoridades y la población para enfrentar los retos ambientales.
Todo lo dicho obliga a considerar la política como un instrumento esencialmente dinámico que debe ser actualizado periódicamente para adecuarla a las nuevas realidades.
Si la problemática ambiental es de carácter político, así debe ser su tratamiento en la elaboración de planes, programas, y proyectos de desarrollo. Y así también debe ser la articulación de los distintos niveles de toma de decisiones; es decir, se debe tratar de promover el debate y la participación ciudadana, garantizando su efectividad a través de la educación ambiental, la información verídica y otros instrumentos de participación regional y local.
No hacer nada en este campo también es una política. La política del no hacer. Es una política en si misma. La falta o ausencia de una política permite el establecimiento de procesos productivos sin un control adecuado, aceptando sus inconvenientes, promoviendo su instalación, en la búsqueda de un beneficio supuesto de oferta de mano de obra.
La contracara es la política del impedimento. Las reglas del mercado pueden regular una política y viceversa. Una política hiperrestrictiva, hipercontroladora y sobredimensionada puede ocasionar el colapso de un sistema de producción.
Muchas veces la falta de coordinación y de planificación de las acciones de los gobiernos han derivado en una total ineficacia de sus políticas, y han significado, en las cuestiones ambiente y de infraestructura, la necesidad de volver al principio, a cero. Por ejemplo, las muy pocas veces que se han establecido medidas anticontaminación de los cursos de agua se acciona contra diversas empresas, pero no se tienen en cuenta los basureros a cielo abierto, que siempre se encuentran a la vera de los ríos, o se vierten líquidos cloacales sin tratamiento alguno, o simplemente se fugan efluentes con la complicidad de ciertos funcionarios que hacen la vista gorda.
Las políticas ambientales, sobre todo aquellas dirigidas a frenar el daño que causa la contaminación, deben ser a todo o nada, es decir que si se emprende una campaña no se pueden dejar fisuras o empezar por pequeñeces. No sirve llevar a los jardines de infantes a juntar papelitos, mientras se deja que una poderosa industria desvíe su efluente contaminante de la planta de tratamiento. No es eficiente hacer un llamado a la adhesión voluntaria a un plan de producción limpia, al que acudirán los que siempre colaboran, pues aquellos a quienes la producción limpia no les interesa seguirán contaminando libremente.
En el Siglo XXI una propuesta política que pretende ignorar el contexto ambiental y conceptos básicos como manejo sustentable, preservación y soberanía de las cuencas hídricas y los recursos, resulta un anacronismo.
El buen término de una política ambiental requiere de excelencia en la planificación, eficiencia en la gestión y de firmeza y de probada fiscalización. Sin fiscalización o sin el fortalecimiento adecuado de su eficiencia, el diseño institucional, los nuevos cuerpos legales, reglamentarios y otros instrumentos a desarrollar, tendrán pocos o nulos efectos.
Cada sociedad tiene una prioridad social, económica o política diferente. El grado de interés dependerá de la realidad que les toque vivir a cada una de ellas. Por ejemplo, es cierto que la prioridad social de los argentinos hoy se relaciona más con sus necesidades básicas. ¿Pero no es una cuestión básica el tener en cuenta el cuidado de nuestro propio planeta? El ambiente también necesita de políticas, iniciativas y programas que abarquen los desafíos que hoy enfrenta el mundo y Argentina. Pero en este país pasa a ser un tema más dentro de una larga lista de promesas.
Es una decisión de toda la dirigencia renunciar a los problemas de fondo. El poder político abandonó el proyecto de país, por lo que es coherente que hoy también abandone el tema del cuidado del planeta. Tal vez entonces sea hora de que todos lo incluyamos en nuestra agenda.
Nuestra generación se enfrenta a la oportunidad más extraordinaria de grandeza que ninguna otra generación en la historia de la humanidad haya tenido jamás. Si no cambiamos nuestro rumbo y simplemente nos detenemos a dejar que el planeta colapse, seremos más odiados que ninguna otra generación que haya existido.
*Cristian Frers, de Argentina, es periodista científico y técnico superior en gestión ambiental. Ha trabajado en la radio y en revistas y diarios de su país como redactor y productor de contenidos sobre Ecología.
Bibliografía:
El problema de la política ambiental - Cristian Frers - <http://www.cronicayanalisis.com.ar/075.asp>
Generando una política ambiental regional - Cristian Frers - <http://www.avizora.com/atajo/colaboradores/textos_cristian_frers/0004_politica_ambiental_regional.htm>
La problemática de una falta de política ambiental - Cristian Frers - <http://estocolmo.se/colaboradores/cristian/politica-20090131.htm>
El desarrollo de una política ambiental - Cristian Frers - <http://elmercuriodigital.es/content/view/5060/174/>
Asimismo, la política obliga a cada comunidad regional a revisar sus desafíos futuros y priorizarlos, establecer plazos para su cumplimiento, definir los recursos necesarios y las responsabilidades que corresponden a cada sector como: público, privado, académico, gremios, organizaciones de base y de los ciudadanos en general, como también señalar aquellas tareas que requieren el concurso de diversos actores de la región.
“No sirve llevar a los jardines de infantes a juntar papelitos, mientras se deja que una poderosa industria desvíe su efluente contaminante de la planta de tratamiento. No es eficiente hacer un llamado a la adhesión voluntaria a un plan de producción limpia, al que acudirán los que siempre colaboran, pues aquellos a quienes la producción
limpia no les interesa seguirán contaminando libremente.”