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MEDIOS DE COMUNICACIÓN
TV SHOW DE HUGO CHAVEZ CUMPLE 10 AÑOS
Trasescena de Aló Presidente
es revelada por primera vez
“La mayoría de la gente que va al programa va vestida de rojo, pero más como un asunto de identificación, no porque sea una exigencia. Es como cuando vas a un estadio a ver un partido de fútbol o béisbol y te pones la franela de tu equipo. No es cierto que si no tienes una franela roja no entras.”
(Fotos Alo Presidente.gob.ve/Seinforma)
En una ocasión el Aló se tuvo que suspender por seguridad del presidente. Eso fue porque la gente que había ido del pueblo estaba bastante molesta con el gobernador y de repente tomó el set del presidente porque pedían una respuesta pronto. La verdad, mira, es que ahorita no me acuerdo en qué sitio estratégicamente fue.
Otros Aló se han suspendido antes, por algún compromiso del presidente que sea urgente o porque ese día esté enfermo, porque también él es humano.
Yo jamás he visto eso de cortar árboles para la preparación del set, por lo menos no en los programas en los que yo he estado. Sí se han alquilado muchas cosas, como sillas o toldos, o algún autobús para llevar a unas personas que quieran ir al programa, pero lo del árbol, no.
Nosotros usamos unos códigos con el presidente. Si él agarra un pañuelo de una mano a otra, el director hace que lo desponche para él quitarse el sudor. En otras ocasiones el presidente quiere tomar agua y cambia el vaso de posición, entonces el director sabe que el presidente quiere tomar agua y poncha otra cámara. Si hay un micro o un video, cosa que casi nunca pasa, pero cuando ocurre, el presidente pica algo, no come, sino que pica. En los sitios donde el calor es extremo, como en Guárico o en Margarita, el presidente tiene dos aires acondicionados a los lados. Él no va al baño. Yo nunca lo he visto que se pare para ir al baño.
Hay momentos en que se le ha “aguado el guarapo”, como decimos en criollo. Me acuerdo de un niño que le cantó un joropo y a él se le aguaron los ojos. Eso fue en Anzoátegui. Ese video estuvo rodando por YouTube un buen tiempo.
Anteriormente hacer el Aló era una esclavitud para nosotros. Durábamos cinco, seis y hasta las siete horas del programa guapeando en la cámara. Hemos estado hasta siete camarógrafos. Nos hidrataban, pero la cámara del frente, que es la principal del presidente, casi nunca comía. Ahora no es así porque hay más personal en el Canal 8, ahora somos con frecuencia entre cinco y seis y hay más asistentes de cámara capacitados para hacer la cámara, así que podemos dejarlos 10 o 20 minutos mientras comemos afuera rapidito.
Nosotros siempre tenemos que estar atentos de lo que dice. Si habla de la bandera, entonces buscamos una bandera y le hacemos una toma, si comenta que pasó un avión, un camarógrafo entonces sale a buscar el avión. También tenemos que saber quién es quién y si los menciona, los buscamos si están en el set. Una de las personas que más se le acerca y lo puede tocar es el asistente de audio, porque es el que le coloca la balita.»
“Javier”, ex periodista del Ministerio de Comunicación e Información (MinCI). Formó parte del equipo del Aló Presidente:
«La llegada de Chávez al Aló siempre es imprevista. No sólo para el público, sino para todo el equipo del programa. Él puede llegar por aire, a pie, manejando un carro o un tractor. Llega unos 10 o 20 minutos antes del programa. Al acercarse al lugar decide cómo va a entrar. Puede que en algunos casos su equipo lo sepa con anterioridad pero en otros es toda una improvisación. Cuando estuvimos en Guárico, en una hacienda abandonada que se rescató para que la gente hiciera sus consejos comunales, se bajó del helicóptero y decidió montarse en un caballo. Todo el mundo está preparado para esas situaciones repentinas. Se montó y se acercó cabalgando al set. Eso fue muy cómico. Los ministros terminaron atrás también en caballo, que no sabían montar muy bien. Todos detrás de él, los de seguridad, los camarógrafos, los productores, asistentes, los cables, todo. Los guardaespaldas iban corriendo a los lados.
Cuando el presidente llega, la gente se emociona, están como a la expectativa de ver si él existe porque sólo lo han visto por televisión y quieren tocarlo, se desesperan. Claro, está la gente de Casa Militar que lo cuida. No lo tocan. Sólo lo pueden tocar si él se acerca, pero ellos no se pueden acercar porque él está muy retirado. Las mujeres como saben que el presidente se derrite por los niños, cargan a sus hijos en los hombros para que lo vean. La mayoría de las personas que van al programa son mujeres. Cuando nos veían el carnet del programa nos decían, ‘Ah, usted trabaja con el presidente’, y te tocaban los brazos y te los apretaban con las manos, así, fuerte. Te preguntaban por él, si realmente es como se ve en el programa.
Chávez se desplaza básicamente en helicóptero. Para el Aló suelen ir tres avionetas. Una es alquilada por el MinCI, las otras por los ministros que van a los programas y que deben ir porque el programa tiene que ver con lo que maneja su ministerio. Cada ministerio se encarga de su transporte. Si el programa va a tratar dos o tres temas, entonces son dos o tres ministros. A veces un ministro se ponía de acuerdo con otro y alquilaban juntos una avioneta, pero como ellos también llevan a su equipo de trabajo, a su asesor y a los asistentes, una sola no siempre era suficiente. Además de la avioneta, el MinCI enviaba por tierra un camión inmenso con los toldos más otros tres carros con la gente y todo lo demás. En total, una avioneta, tres carros y un camión.
Los periodistas del MinCI trabajamos por turnos. Por lo general somos tres o dos personas fijas más la coordinadora y el ministro de Comunicaciones. El Minci se encarga de montar los toldos y trabaja en equipo con una productora independiente, que se encarga de arreglar el set, las sillas, el escritorio del presidente y cualquier otra cosa. Como eso se acondiciona en un lugar grande, colocan una pantalla de plasma para que los de atrás puedan ver y escuchar.
Se montan toldos para todos porque a él no le gusta que estén personas pasando sol. A él le gusta que estemos todos iguales. También hay refrigerios para la gente que viene invitada al programa y la gente que viene del pueblo. Todo eso está previsto. A nosotros nos ponen cerca de él para poderle facilitar la información al ministro, y a su vez él se la pueda dar al presidente. Nos instalan computadoras, impresoras, internet y teléfono.
Casi siempre tratábamos de desayunar antes de llegar al sitio o de comprar el desayuno para comerlo mientras estábamos allí. Los choferes del MinCI ya están al filo porque se conocen el país completo y saben dónde pueden comprar la empanada a las 5 de la mañana. Nosotros estamos allí de 5:30 a 6:00 de la mañana, porque si llegas tarde es un rollo para entrar porque a la gente de Casa Militar la cambian siempre y no te conocen. Luego te revisan y te chequean. Primero le dan acceso a las personas que van a trabajar en el programa y más allá organizan a la gente del pueblo. Ellos hacen unas colas, pasan por un detector de metales, le hacen su revisión y les permiten sentarse en el área del set que esté acondicionada para ellos.
Cuando fue la inauguración de la planta procesadora de maíz Juana La Avanzadora, eso quedaba a unas dos horas del hotel donde nos quedamos. Ese día me levanté como a las 4 de la mañana y me acosté como a las 11 de la noche. A veces se regalan franelas rojas a las primeras personas que llegan. Si es la inauguración de una planta, por ejemplo, y a las cooperativas que pertenecen a esa empresa les sobraron 50 franelas de ese lugar, entonces, en esos casos se las dan a las personas que llegan al programa, junto a unas gorras.
Las llamadas que salen al aire las regula la productora independiente y Casa Militar. Ellos tienen un sistema donde verifican que sea en efecto la persona que llama. Con las que nosotros recibíamos, nos ocupábamos de tomar sus datos, cuál era la solicitud y la pasábamos a los organismos competentes; pero procurábamos hacerlo llegar directo al despacho de ese ministerio para que no se tardara tanto en el camino. Lo que hacíamos con las más urgentes era hablar directamente con el asistente del ministro para ver si lo podían atender. Lo que más piden es salud, atención médica. Sin embargo, a veces la gente pedía cosas que se pasaban. Yo recibí llamadas como que “Necesito un carro, un trabajo, pero que sea en Pdvsa (Petroleos de Venezuela S.A.) porque allí es donde está el dinero”. Eso, por supuesto, no salía al aire.
El Aló tiene dos coordinaciones para hacer la producción. Una está en manos de la productora independiente, que es la que se encarga de hacer todo el montaje de la locación y la otra es la que hace el Ministerio de Comunicación e Información (MinCI), que se encarga del contenido del programa.
Generalmente el Presidente asoma el tema del Aló en el Consejo de Ministros de la semana, que puede ser el martes o el miércoles, y allí es cuando el MinCI comienza a preparar el programa del domingo. Pero si el Presidente cambia de opinión porque pasa algo, a última hora puede que cambie el tema y el lugar.
La productora y Casa Militar hacen primero su pregira para ver las condiciones del sitio que hayan escogido. Nosotros salimos a la pregira el jueves o viernes.
En esa pregira, que podía durar uno o dos días, viajábamos al lugar y nos encargábamos de buscar o corroborar la información que hacía falta, así nos la hubiese dado el ministerio correspondiente. Por ejemplo, si el Aló iba a ser sobre alimentación, específicamente sobre los mercales, entonces lo que teníamos que hacer era verificar cuántos mercales había, cuántos mercalitos, si realmente existían y la información que nos había dado el ministerio era correcta, si estaban registrados y cumplían con los requisitos legales.
A él no se le hace un guión. Lo que se le suministra es toda la información posible del tema en unas fichas cortas, muy resumidas. Todas las características técnicas y físicas. Sólo datos. De la información que sale en la prensa, se encarga su propia sala comunicacional, que se la tiene lista, en fichas también. Más que todo eso es el Ministerio de la Secretaría.
A la pregira íbamos dos personas en avión o con el transporte del ministerio. Trabajábamos todos los fines de semana. Con frecuencia levantábamos el informe cuando íbamos rodando de vuelta y de una vez lo mandaba a la coordinadora para que le hiciera las correcciones y lo enviara al despacho. Ese informe se le pasaba al ministro de Comunicaciones y luego al presidente. Cuando había tiempo, a veces nos devolvían las fichas para que corrigiéramos cifras que a él no le parecían correctas. Casi siempre la información terminaba estando lista el sábado en la noche o el domingo en la madrugada. Él debe leer eso el sábado en la noche o el mismo domingo, camino al programa.
Eso que dicen que a última hora algunos ministerios o gobernadores se ponen a arreglar algunas cosas que no hicieron antes, pasa a veces. A mí me tocó ver eso. Yo estuve en una pequeña comunidad de Lara donde iba a ser el Aló y llegaron los de la gobernación a media noche del sábado a asfaltarles una calle. Pero la gente de esa comunidad se puso furiosa y no lo permitieron. Como para poder entrar había primero que atravesar un puentecito, los vecinos, hombres y mujeres, se pararon en el puente que está sobre la quebrada de aguas negras y evitaron que entraran los tractores. Ellos decían que no querían “maquillar” a su comunidad, porque bastante que habían pedido la vialidad a la gobernación y nada. Así que ellos querían que el presidente viera que todo el trabajo que estaba hecho allí era por el esfuerzo de ellos mismos, la construcción de las casas, que eran buenas casas.
Yo estuve trabajando allí con los tres ministros, con Jesse Chacón, con William Lara y con Andrés Izarra. Con Jesse Chacón la relación siempre fue de mayor empatía que con los otros. Con él, el presidente tiene más confianza, se ve más camaradería. Ellos se entienden con pocas palabras, a veces sólo con señas o miradas. El presidente es muy expresivo y él ya lo conoce; sabe lo que va a pedir sin necesidad de que lo diga.
Con Andrés, él tiende a ser más parco, como quien está en una posición de Yo soy el jefe, el gerente, y necesito esta información. Con William Lara existía mucha más distancia todavía. Lara es muy cerrado y serio. Él simplemente estaba a la expectativa de si el presidente lo llamaba, para darle la información y ya. En cambio, Andrés puede que se acerque y le jurungue las fichas y hasta se las marque encima con un lapicero. No es que el presidente le tome mucha importancia a eso, pero sí se ve que mantiene una postura como seria.
Aunque Jesse tiene más confianza, es más respetuoso. Él no le va a rayar encima al presidente, porque sabe que le gustan sus cosas bien arregladas. A menos que él le pida que le arregle una ficha, él la retira y luego se la da. Nunca le escribe encima. Cuando llegaron a estar los dos en el set, Jesse como ministro de la Secretaría y Andrés, como ministro de Comunicación, el presidente siempre llamaba a Jesse.
Mi experiencia con Andrés (Izarra) no fue agradable. Él a veces era cordial y a veces no. Con frecuencia parecía que a él le molestaba que nosotros los periodistas del MinCI nos fuéramos con él en el avión, no sé si es que de pronto él no quería estar con gente que no le pareciera de su nivel, qué sé yo. No es que no nos dejara entrar al avión, sino que uno tenía que estar muy pilas cuando se terminaba el programa porque al final todo es demasiado rápido por la hora, porque la mayoría de los aeropuertos tienen un horario límite para permitir la salida de estos aviones. Entonces tenías que recoger chola porque si no te quedabas.
Lo que a veces ocurría en algunos programas es que había una descoordinación con el traslado de ciertos invitados, que tenían que estar allí a juro, y que no sé cómo llegaban, pero para irse, siempre era un rollo. No sé si es que no planificaban bien o qué. De pronto estaba algún ministro que se llevó a la esposa y decidían regresarlo en la avioneta que alquiló el Minci con otro ministro. Esas avionetas tiene unos ocho puestos, y allí se iban Andrés, la coordinadora, los equipos y las personas que entonces decidían incluir ese día. Entonces a nosotros, el equipo del Aló, nos tocaba irnos en camionetas o en carros del ministerio, y rodar durante ocho o diez horas. La verdad es que aunque la pasábamos bien, me parecía injusto. Lo que uno quiere cuando se termina el programa es llegar a su casa.
Sólo se acercan al escritorio las personas que él llama. Como el programa es en vivo, Andrés está muy pendiente de la transmisión, y en cuanto al contenido, él le echa un ojito, pero en esos programas, Jesse siempre le decía a Andrés: Mira, Andrés, tal cosa, Andrés, lo otro. Luego el ministro se lo decía a la coordinadora y ella nos lo decían a nosotros, que si el presidente necesita las cifras, no sé, del Pdvalito del 23 de Enero o algo así, porque a él le gustan esos mínimos detalles.
De cualquier manera, todos ya conocemos bien la dinámica del presidente. Por ejemplo, si él está viendo una información y habla de las cifras, es porque las está pidiendo. Como uno está familiarizado con el tema del programa, sabe rápidamente qué es lo que necesita. En ese momento las buscamos, llamamos a la persona que pueda tenerlas y se las montamos en una ficha que entregamos al ministro. Todo eso es rápido, rápido, rápido. Llega un momento en el que finalmente uno se acostumbra a hacer este tipo de trabajo.
Cuando pide la información, él pregunta, levanta la cabeza y mira a quien le está pidiendo eso, porque él ya sabe la ubicación de todo el mundo allí. Como los camarógrafos ya saben cómo es la cosa y cuándo le van a pasar la ficha por un lado, entonces hacen un paneo al público. Es un trabajo muy sincronizado.
Durante el programa, el Presidente se mantiene todo el tiempo cerca de su escritorio. Nunca lo vi ir al baño, ni siquiera en los programas largos de siete horas. A veces come en el ínterin un sanduchito o algo así, cuando están pasando un video o algo. Antes de comer siempre pregunta: “Muchachos, ¿ustedes comieron, les dieron refrigerio a los que están aquí, todos los que están aquí ya tomaron agua, jugos?”, siempre pregunta eso. A veces le dan un sanduchito o una arepa, con jamón y queso o sólo queso. Son arepitas blancas, normalitas, de jamón o queso sin sal. No de carne mechada, porque él tiene una dieta muy estricta por el colesterol. A veces él lo dice: “Esta mañana me escapé a la cocina y le dije, mira negra, cocíname un huevo porque tengo tiempo que no me como uno”.
Creo que la que más se encarga de su comida es la hija. Ella suele estar muy pendiente de la comida, de lo que se le va a dar a su papá porque lo conoce, sabe qué puede comer y qué no. Lo cuida mucho. Ella siempre va a todos los Aló. Se sienta donde están los ministros, pero si está muy cansada o está ayudando en la producción, se queda con la productora de la logística del programa.
Si hay algún invitado extranjero, sea otro presidente, algún embajador o ministro, con el que esté a punto de llegar a algún convenio internacional, cuando no estamos al aire, él se para y los saluda. Habla muy bajito, pero lo que hace es darle la bienvenida y explicarles la locación donde están, el pueblo y las características de ese estado.
Cuando estuve trabajando allí sí existía un afecto incondicional con el Presidente. La verdad es que tienes que sentirlo porque las exigencias son tales, que de otra manera no lo harías. Si no, sencillamente, de pana, no lo haces. Además, cada vez que podíamos nos tomábamos una foto con el Presidente. “Ay, una foto con el presidente, una foto”, todo el mundo emocionado. Todos se toman fotos con él. No sólo los periodistas, sino también los camarógrafos, los técnicos, los fotógrafos, cuando pueden y cada vez que pueden. Todos nosotros tenemos un archivo de fotos con él. Aunque no siempre te dejan tomar fotos porque a veces los asistentes se ponen fastidiosos. Él tiene dos asistentes, que a su vez tienen otros asistentes. Todos ellos son militares.
A nosotros la verdad es que esas horas se nos pasan volando. Pueden ser ocho, cinco, siete, pero no se pasan lento por la dinámica del programa. A veces, de pronto, en esos interines, él llama al ministro y le dice, “Mira, aquella señora está llamando, aquella niña, y aquella otra también. Háganlos pasar con la gente del Aló para que los atiendan”. Entonces los hacían pasar con nosotros para que los atendiéramos. Si era algo muy rápido o si ellos querían felicitar al presidente, entonces se lo comunicábamos al presidente en una ficha. Él lo leía y tomaba la decisión si quería saludarlo o no, o seguir con el programa.
Hubo un programa donde el Presidente estaba furioso con dos alcaldes, porque había muchas quejas de la gente. El programa era sobre un sistema de riego. Les dio una jalada de oreja fuerte frente a la cámara. Fuera de cámara, estos alcaldes querían acercarse a saludarlo, pero los guardaespaldas no les permitían que se acercaran, les trancaban el paso. Los guardaespaldas les decían ‘Hablen con los ministros’ y el presidente hacía que no los oía. Es que por encima se notaba que esos alcaldes sólo se ponían la camisa roja para ir a los programas.»
“Raúl”, fotorreportero de un medio oficial:
«Como ocurre con todos los programas de televisión en cualquier parte, la producción del Aló Presidente hace cualquier cosa para que el espectáculo continúe. Ellos pintan hasta donde llegan las cámaras. Asfaltan sólo la calle por donde va a pasar, y eso no es cuento de camino, es verdad. En una ocasión yo estaba cubriendo un evento en Apure y teníamos llegada y salida el mismo día. Nosotros vivimos en carne propia que cuando salíamos de las calles que nos habían trazado, ninguna servía. El día anterior habían asfaltado la calle por donde él iba a pasar. En esa oportunidad el Presidente se dio cuenta de eso y decidió quedarse esa noche para jalarle las orejas al gobernador.
En el programa donde Chávez llegaba cabalgando, en esa hacienda habían alquilado ganado de todas partes del estado para llenar el lugar, porque eso era un peladero. Después no me imagino cómo habrán hecho para devolver ese ganado.
Hace como un año y medio, más o menos, en El Consejo, iban a hacer un Aló Presidente muy cerca de la hacienda de ron Santa Teresa. Yo estaba allí y vi cómo estaban armando de la noche a la mañana unos corrales que llenaron con animales alquilados de la zona para que se viera la producción del lugar. Se suponía que tenían que estar listas unas de esas colonias que tenían que ver con cría de animales, pero como no había nada, entonces se pusieron a alquilarlo. Al final alguien le dijo a Chávez que eso era montado, que no existía, y suspendió el programa sobre la marcha, si no me equivoco, el mismo día.
Yo he estado muy cerca del equipo del presidente y aparte de lo que presencié aquella vez en Santa Teresa, he escuchado otras de sus historias. Lo más insólito fue que en una ciudad del llano tenían que montar el set en una plaza y como les molestaba un árbol para las tomas de la cámara, terminaron tumbando el árbol. Todo eso lo hace la producción antes de que llegue el resto del equipo. Los demás no se enteran.»
“Luis”, periodista de un medio oficial:
«Tengo unos tres años trabajando como reportero para el Aló. Además, participé mucho en una época donde se iban a hacer Aló diarios, en 2007, pero eso no llegó a durar un mes porque era muy complicado. Se hacía en Miraflores y era más corto.
Cuando no hay Aló, los periódicos los lunes son una basura. Cuando hay Aló, los periódicos, estén o no estén de acuerdo, tienen noticias. Además, la semana se nutre mucho de los anuncios hechos el domingo en el programa. Por eso creo que esa idea de hacerlo todos los días fue un intento de difundir mucho más el proceso del gobierno, durante la semana. Evidentemente no se justificaba montar un Aló todos los días.
A veces (Chávez) se acerca a nosotros. Cuando le parece que el programa salió buenísimo, normalmente lo comenta. Él es muy estricto en que las cosas tienen que salir bien. Si Chávez tiene una parte del programa donde la gente va a hablar y el micrófono no está listo, él pregunta: “¿Por qué no se oye, qué es lo que pasa aquí?”.
Aquí se exagera mucho sobre la manera cómo él dice una cosa u otra. Se habla mucho y se trata de especular acerca de un carácter arbitrario, entonces cualquier cosa que él diga que parezca subida de tono le sacan punta periodistas de oposición, y sobre todo ese periodismo balurdo de chismes que yo espero que algún día muera.
La verdad es que cuando han cancelado algún Aló, lo que pudo pasar antes con la producción, uno no lo ve. Cuando uno está allí y todo está montado, ya todo eso pasó. Pero no es como dicen algunos, que él va a un sitio y lo parapetean para que todo se vea maravillo. Es que si no es maravilloso él no va a ir allá.
Cuando él va a esos lugares remotos yo siento que eso es un espaldarazo a la gente de esa comunidad, pero además, como lo ha hecho muchas veces, él va a ajustar las tuercas. A él le gusta concertar personalmente las cosas que son parte de su obra. Esos cuentos de que él va por allí y se va rodando a un lugar, eso es verdad. Él es un tipo que, como lo ha demostrado, agarra el protocolo y lo echa a un lado.

Los entretelones de uno de los espacios más polémicos, extensos y conocidos de la televisión venezolana era un misterio para la audiencia, hasta hoy. (Fotos Alo Presidente.gob.ve/Seinforma)
Trabajadores, periodistas y técnicos hablaron con Seinforma Canadá de la producción de uno de los shows más complejos de la televisión venezolana. Esta entrega describe la evolución del espacio televisivo, las exigencias técnicas, los gastos de producción y el derroche de horas-hombre que contribuyen a alimentar el mito más arraigado del populismo latinoamericano del momento.

Recuerdo particularmente un Aló que fue en una hacienda en Bolívar, “La Vergareña”, que me impresionó mucho, en el 2005. Nosotros dormimos en Puerto Ordaz, y a las tres de la mañana salimos en unas camionetas. Después cambiamos a unos rústicos. Cuando llegamos al sitio vimos un aviso de bienvenida y dijimos, “Ah, ya llegamos”. Eso era puro terreno baldío, monte y hueco. Tardamos como hora y media antes de llegar al sitio donde iba a ser el Aló. Eso no es que era al final de la hacienda, sino como en el medio. Cuando el Presidente da los datos, me entero de que esa hacienda era del tamaño de la isla de Margarita, y era de un solo dueño. Yo decía, “Peeerrro, ¿cómo no van a expropiar esto?”. Viví en carne propia el asunto del latifundio. El público que había era gente que había venido de Ciudad Bolívar y de centros rurales de por ahí, que la logística los movilizó.
«A los periodistas de los medios que vamos nos dan un esquema general del programa, para que tengamos una idea más o menos de cómo podrá ser. No es para nada rígido, sólo te dice a grandes rasgos lo que puede ocurrir. Máximo son dos páginas, algo muy básico. Allí sale si va a haber un pase a un estado o alguna inauguración. Eso lo entrega la producción o Prensa Presidencial. Dice: Aló Presidente número tal, inauguración de la represa tal, pase a video, y a veces te ponen los temas generales.
Uno sabe, por ejemplo, si estás en un fundo zamorano en Bolívar, que evidentemente el tema del Aló va a ser el asunto de la agricultura, el ataque a los latifundios, la creación de los fundos zamoranos, los núcleos endógenos agrícolas [en la Revolución Bolivariana se le han llamado fundos zamoranos a haciendas casi siempre expropiadas y entregadas a agricultores. Llevan ese nombre por Ezequiel Zamora, uno de los líderes de la Guerra Federal, quien contaba con amplia popularidad entre campesinos por abogar por una tierra libre para todos].
Los anuncios que el Presidente hace no salen en ese plan, ni nada de eso que si va a botar a alguien. Nadie sabe tampoco cuánto va a durar un Aló. Ni siquiera el presidente. Él sólo tiene idea de su duración cuando hay algún partido o algo que le importe mucho a la gente. Dice: “Hoy vamos a terminar temprano, porque juega la Vinotinto contra Uruguay a las 3, así que vamos a ver ese partido”. Sólo allí se sabe. Yo he estado en Aló de 7 horas.»
La mayoría de la gente que va al programa va vestida de rojo, pero más como un asunto de identificación, no porque sea una exigencia. Es como cuando vas a un estadio a ver un partido de fútbol o béisbol y te pones la franela de tu equipo. No es cierto que si no tienes una franela roja no entras.
En Miraflores, en el Ministerio de la Secretaría Presidencial


«Al verlo pasar a diez metros hay mujeres que estallan a llorar. Es una conexión que va más allá del asunto político. He visto a muchos periodistas opositores que hablan muy mal de él, y les digo, ‘Tranquilo, deja que lo veas’. Y cuando se paran frente al Presidente se quedan como fríos, con la boca abierta por la energía que (Chávez) emana. No es bobería. El tipo te atrae, te hipnotiza.” (Fotos Alo Presidente.gob.ve/Seinforma)
03/23/09
Por: Ana María Carrano/Corresponsal Seinforma Canadá
Caracas.- Cuando en el año 2000 el presidente Chávez entró por la puerta trasera del Museo Jacobo Borges para transmitir desde allí el Aló Presidente, pude ver cómo los vigilantes del museo, que hasta el momento me habían resultado agrios y distantes, se aglomeraron como abejas alrededor del mandatario con gestos nerviosos y sonrisas casi adolescentes.
Todos habían vestido con formalidad. A mi lado estaba la señora Rita, una de las simpáticas encargadas de mantenimiento, quien decía una y otra vez entre suspiros: “Pero qué alto, pero qué guapo es.” Uno de los vigilantes llevó a su hija de tres años ataviada con un vestido dominguero y dos lacitos que ajustaban sus tupidos rizos. Chávez se acercó a la niña, la cargó unos segundos y comentó que era como su hija Rosinés, “Dios te bendiga, hija.” El hasta entonces durísimo vigilante soltó algunas lágrimas.
Durante casi todo el mes siguiente, los comentarios de pasillo se centraron en los pormenores de la visita: cómo había mirado, hacia dónde caminó, con quién habló, a quién le posó la mano. Parecía que más bien habíamos sido «tocados» por la Divinidad.
Por aquellos días, el Museo Jacobo Borges (un museo de corte comunitario, ubicado en Catia, una de las zonas más populosas de Caracas) tenía una exhibición temporal a propósito del primer año de gobierno. Probablemente esa transmisión en Catia fuera una de las primeras del Aló Presidente, entonces un programa de radio, que se hiciera fuera de los estudios de Radio Nacional de Venezuela. Aquel domingo no hubo mayores protocolos de seguridad. Ninguno de los que trabajábamos allí en ese momento fuimos revisados ni apartados de su camino.
Eran definitivamente otros tiempos. El personal que acompañaba al Presidente no superaba las diez personas y el programa duraba alrededor de una o dos horas. Pero después de casi diez años de transmisión, el Aló Presidente se ha convertido en el principal medio para seguir el pulso a la política nacional. Desde hace tiempo se trata de un programa televisado que se transmite simultáneamente por los medios del Estado: Venezolana de Televisión (VTV), Radio Nacional de Venezuela, el canal de la Asamblea Nacional, Vive TV y, eventualmente, Telesur.
En jornadas de cuatro a ocho horas, y entre innumerables anécdotas, Chávez cuela las inauguraciones, los anuncios oficiales, chistes y comentarios personales, los regaños a su gente y los frecuentes despidos y nombramientos, que rara vez son conocidos previamente al show.
Cada vez que un presidente extranjero visita Venezuela, es invitado al Aló, donde se evidencian para el país los acuerdos, pactos o inauguraciones especiales. El Aló Presidente se ha transmitido desde Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba e Inglaterra.
El show tiene un equipo fijo de más de 200 personas e invierte entre tres y cuatro días de producción en campo por semana. Cada medio de comunicación que interviene en su producción asigna alrededor de tres avionetas, un helicóptero y tres o cuatro vehículos terrestres.
Solamente los corresponsales extranjeros o los periodistas de medios oficiales pueden ser acreditados para asistir al programa. El resto de los medios debe conformarse con presenciarlo a través de las señales oficiales.
Cuatro personas que han trabajado directamente en la producción del programa, le contaron a Seinforma Canadá lo que pasa tras bastidores, cómo se prepara el set, qué hace el Presidente durante ese periodo previo a la transmisión. Tres de ellas prefirieron aparecer en forma anónima.
Ronald Acosta Aguirre, camarógrafo de Venezolana de Televisión (VTV):
«El equipo del Canal 8 (VTV) que va al programa es bastante grande. Nada más en técnicos somos más de 30, luminitos, camarógrafos y operadores de audio. Los camarógrafos del canal no vamos a todos los Aló, sino que nos pautan una o dos veces al mes. En ocasiones no me ha tocado ir ninguna vez en un mes. En el canal ya tengo más de tres años.
Nos trasladamos a la locación vía aérea o terrestre, dependiendo del sitio. A veces nos ha tocado trasladarnos en lancha o en helicópteros o viajar por más de doce horas. Puede que lleguemos dos o tres días antes. Los camarógrafos nos vamos con todo el equipo. Ponen una alfombra y un toldo al que le dicen carpa, que ayuda bastante a que el presidente no le llegue mucha gente cerca, ya que estamos rodeados de Casa Militar por todos lados. Los que no están acreditados, no pueden acercarse hasta el set, porque hay una seguridad bastante amplia. Siempre se encarga una persona para recibir las quejas o cartas del pueblo que son para el presidente.
Cuando la gente del pueblo nos ve, siempre reconocen al Canal 8 y nos piden ayuda, nos preguntan cómo llegar al presidente. Nosotros nunca les damos la esperanza de poder llegarle, sino que les decimos que hablen con un ministro, con un gobernador o con un alcalde.
Creo que para el Aló trabajan más de 200 personas dentro y fuera del set. Nosotros no transmitimos vía microonda sino vía Fly Away, que es un sistema tipo satelital: va al satélite y rebota al canal directamente. Eso es para que no haya saboteo, por eso hay ese tipo de seguridad.
Un día el Presidente se montó en un caballo, nadie lo sabía, ni siquiera el director. Él vio el caballo, lo vio manso y se quiso montar. Nosotros los camarógrafos estábamos por todos lados y una grúa nos ayudó con un plano abierto. Él siempre hace eso. No hay un guión. Jamás hay un guión. Eso quiero que lo tengas claro. Nunca hay un guión donde se le diga al Presidente: “Mira, hay que marcar esto o marcar lo otro”. Nunca hay un corte o un coordinador que le diga “Corta”. Todo es corrido. Por eso cada quien tiene que estar muy concentrado en lo suyo. En este trabajo no puedes ni pestañear, porque se te puede ir de la toma. Él es impredecible. Al llegar, la gente siempre quiere acercarse. Tenemos a los lados asistentes que nos abren los caminos, porque a veces las personas te bloquean. Por eso a veces utilizamos otro tipo de cámara o una grúa que nos pueda ayudar con un plano abierto.

Yo lo he visto inaugurando unas casas en la Guajira y dice: “¿Cuál es que es la casa modelo que vamos a inaugurar?” “Esta, presidente.” “Ah, bueno, entonces yo me voy a meter en aquélla.” Claro, así pone a parir a todos los técnicos que tenían la otra preparada. Caminó cinco casas más allá y comenzó a verificar: “Ajá, ¿prende la luz? Sí, prende la luz. Y tienen lámparas en todos lados y todas prenden, y a ver la manilla, ah, la manilla sirve”. Y todo eso salió por televisión. Abrió todos los grifos de agua, “¿Hay agua? Sí, hay agua. ¿Sale limpia? Sí, sale limpia”. Abrió las duchas, el calentador, todo lo revisó. Hasta se sentó en los muebles para ver si eran buenos. Porque él no se va a dejar meter gato por liebre. La gente dice que si Chávez es frasquitero, que si se montó en la grúa rusa. Él se monta y las maneja porque quiere ver que funcionan, que sirven y las pone a trabajar.
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