Latinoamérica ha sido desde siempre un vecindario conflictivo. Mientras las propuestas en bloque fracasan por discrepancias ideológicas, la carrera armamentista se abre paso, asi como los casos de infiltración. En estos momentos Perú acusa a Chile de espionaje; Venezuela, Cuba y Ecuador a Colombia; y Paraguay y Uruguay a Argentina. (Photo /Seinforma).
Peleas en el Barrio Latino
Las disputas territoriales y enemistades en Latinoamérica comenzaron poco después de la independencia de sus pueblos. Los problemas se hicieron históricos y han derivado en nuevas desavenencias. Pero… ¿Son solo tensiones bélicas o desafortunados roces verbales? ¿Qué tan utópica es la integración?
Reportes ESPECIALES A pesar de incluir en sus legislaciones el tráfico de personas como delito, la mitad de los países no cuentan con un plan de acción contra este crimen condenado por todos pero poco castigado en el mundo. Centro América y el Caribe: los más permisibles. Ver más...
12/13/09
Por: Ligia Arias/Corresponsal Seinforma
Lima.- La historia de Latinoamérica es un libro repleto de desencuentros por conflictos limítrofes. Fue una consecuencia lógica entonces que el sueño de una comunidad fraterna hispanoamericana propuesta por Simón Bolívar no tuviese ningún éxito en el Congreso de Panamá celebrado en 1826.
En aquel encuentro los pueblos reunidos rechazaron cualquier posibilidad de solidificarse en un solo bloque político. La ambición territorial de los más fuertes ya empezaba a hacerse notar, llegando a ocasionar una guerra tras otra a partir del siglo XIX.
En la década de 1820, Brasil y Argentina pelearían por la posesión de territorios. En 1865 harían lo mismo uniéndose a Uruguay para luchar contra Paraguay en la llamada Guerra de la Triple Alianza que se extendería hasta 1870. Nueve años después la trágica Guerra del Pacífico enfrentaría a Chile contra Perú y Bolivia.
Posteriormente, entre 1899 y 1902 se desataría una guerra civil entre Colombia y Panamá, territorio que para ese entonces era solo un departamento, terminando en la separación de éste. Décadas más tarde, entre 1932 y 1935 la Guerra del Chaco enfrentó a Bolivia y Paraguay por el control de unas inhóspitas tierras y el dominio del Río Paraguay convirtiéndose en la contienda más sangrienta del siglo XX.
La lista de tensos conflictos se hizo más larga los siguientes años. En 1978, Argentina y Chile movilizan sus tropas por un desacuerdo sobre la soberanía del Canal de Beagle y en marzo del 2006, Venezuela reclama el territorio de Esequibo en Guyana llegando incluso a enviar soldados a la zona en el 2007.
“Hablar sobre bloques de desarrollo regional y mucho más difícil aún continental parece irreal. A Latinoamérica aún le pesa hablar sobre temas como el narcotráfico, la pobreza, educación, seguridad y desarrollo sin encontrar objeción o indiferencia. No es difícil comprender por qué a los gobiernos latinoamericanos les resulta tan difícil ponerse de acuerdo en ejecutar políticas económicas y sociales conjuntas teniendo en cuenta que gran parte de dichos países no tienen un sistema político y económico estable.”
Y no son los únicos, la mecha del conflicto que enfrenta Venezuela, Ecuador y Bolivia de un lado y a Colombia del otro continúa ardiendo desde el 1 de marzo del 2008 tras la incursión de tropas colombianas a territorio ecuatoriano que terminó con la muerte del líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC), Raúl Reyes.
Y ahora, la discordia se inició por el acuerdo militar entre Washington y Bogotá que permite a los militares estadounidenses utilizar siete bases colombianas. La alianza como era de esperarse, despertó la ira del presidente venezolano Hugo Chávez quien no ha dudado en declarar que aquella acción promueve “vientos de guerra”.
Carrera armamentista
El acuerdo militar entre US y Colombia ha disparado la carrera armamentista en el área, cuyo líder regional es Venezuela, según señaló un informe del Economist Intelligence Unit, con gastos aproximados que ascienden a los 4.400 millones de dólares entre el 2005 y el 2008. Si hablamos solo de Sudamérica, los escandalosos gastos militares también involucran a Brasil, Chile y Colombia.
El resurgimiento de estas compras bélicas ha incomodado tanto a algunos líderes, que el mandatario peruano Alan García lanzaría a su vez críticas en contra de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) y la Organización de Estados Americanos (OEA) por su aparente falta de control.
Y no es para menos. Una carrera armamentista va más allá de las disputas verbales a las que nos tienen acostumbrados los mandatarios; las suspicacias del más indefenso contra el mejor armado destruyen la posibilidad de alianzas. ¿Cómo negociar con un posible enemigo bélico?
Obstáculos y fracasos
Hablar sobre bloques de desarrollo regional y mucho más difícil aún continental parece irreal. Sin consenso por ninguna parte, las buenas intenciones democráticas como la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y Unasur solo han servido para poner en relieve las verdaderas intenciones de algunos Estados miembros.
Las sesiones de debate se transforman entonces en luchas ideológicas inútiles sin llegar a un acuerdo preciso de qué camino seguir en temas importantes para los pueblos.
Muchos especialistas han señalado decepcionados que las diferencias entre el bloque latinoamericano y la Unión Europea hacen imposible seguir el camino del segundo. El terrible recuerdo de dos guerras mundiales han hecho una Europa curtida avanzando de la mano y con políticas claras de convergencia como el libre comercio de bienes, el establecimiento de un moneda principal, la unión de fondos para el desarrollo de regiones necesitadas, la ejecución de políticas ambientales en coordinación y la erradicación de controles fronterizos dando libertad a sus ciudadanos de vivir en cualquier parte del territorio europeo, entre otros planes comunes.
La UE no empezó tal y como la conocemos ahora, pero poco a poco fue adquiriendo más facultades que llegaron a involucrar todos los aspectos importante en lo social, político y económico. A Latinoamérica, mientras tanto, aún le pesa hablar sobre temas como el narcotráfico, la pobreza, educación, seguridad y desarrollo sin encontrar objeción o indeferencia.
No es difícil comprender por qué a los gobiernos latinoamericanos les resulta tan difícil ponerse de acuerdo en ejecutar políticas económicas y sociales conjuntas teniendo en cuenta que gran parte de dichos países no tienen un sistema político y económico estable e invariable, cambiando cada cierto tiempo de acuerdo con el relevo de un nuevo gobernante.
La estabilidad no es una virtud de los gobiernos latinoamericanos, nunca lo ha sido en toda su historia. La carrera armamentista, por otro lado, parece ser más bien una competición de poder regional, una disputa eterna de quién es el más fuerte. El precio de estos puntos débiles resulta muy caro para el desarrollo de Latinoamérica, con comunidades que se derrumban o no prosperan, propuestas disímiles y variantes, desconfianza de un lado y paranoia al extremo. El vehículo del progreso parece ir en reversa.
*Ligia Arias Diaz es Bachiller en Ciencias de la Comunicación, periodista y participante de programas de voluntariado en Perú.
Posturas actuales
En la actualidad el panorama sigue siendo poco amistoso. Las posturas más radicales y los desencuentros más escandalosos han ocurrido en la región sur. La controversia de delimitación marítima entre Chile y Perú por una zona aproximada de 37,900 kms2 no ha dado tregua a sus gobernantes desde que la polémica comenzó en el 2005 con el inicio de la tramitación de un proyecto ley por parte del Congreso peruano sobre el establecimiento del dominio marítimo.
La respuesta de Chile sería inmediata y los desencuentros verbales se volverían comunes desde esa fecha y aún peor, se extenderían a Bolivia con las suspicacias del presidente peruano Alan García denunciando un acuerdo “bajo la mesa” entre este país y Chile a cambio de la tan ansiada salida al mar para el país del Altiplano.