Seinforma
Specialized Journalistic Sevices (SJS)
Servicios Especializados de Información
English
Español
_________________________________________________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________________________________________________
(Photo resisters.ca /Seinforma)
______________
______________
PlanPADRINO
Este año apoyaremos la recuperación de los niños bolivianos que viven en condiciones de miseria en las goteras de La Paz.
Más Información...
______________
______________
All Rights Reserved © Specialized Journalistic Services Copyright 2008 Canada
Todos los Derechos Reservados © Seinforma Canada Copyright 2008
. English
. Español
_________________________________________________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________________________________________________
Videos
_________________________________________________________________________
Convocatoria
____________________________________________________________________________________________
__________________
______________________________________________________
______________________________________________________
__________________
__________________
______________________________________
(Photo Truthout.org/Seinforma)
Series Especiales
Corresponsales de Guerra reportan sentimientos desde el frente
Entrevista Exclusiva
KAREN MARON
El proceso de escuchar la voz de las víctimas
Algunos corresponsales se interesan por explorar el frente político o el militar. Otros se ocupan del frente diplomático. Karen Marón deja claro que ella busca las historias de las víctimas: "Si te quedas en la anécdota de cubrir la guerra, es una anécdota más. Hay periodistas que se ponen el casco y el chaleco que dice Press. Yo les llamo turistas bélicos. Son como mercenarios que se lucran con la guerra, buscan la sangre y no les importa qué hay detrás de ella”.
(Fotos Cortesía Karen Marón / Seinforma Canada)
“Como corresponsal de guerra probablemente vives en un día lo que no se vive en una vida normal en 50 años. Es un tobogán de emociones porque tienes alegrías, tristezas, preocupaciones. Es el ejercicio del periodismo en tiempo completo. Te enfrentas con la muerte, vives momentos de estrés que no son comparables con nada. Tienes tus propios temores y angustias, y además tienes que cumplir con el trabajo”.
Por Ana María Carrano / Seinforma Canada
Series Especiales*
Caracas, Venezuela.- Una historia personal y profesional con Irak. Así define Karen Marón su relación con un conflicto con el que culturalmente no tiene mucho que ver, pero al que vuelve todos los años. Una deuda pendiente, más bien. El recuerdo de la súplica de una abuela en un campo de desplazados en Faluya para que adoptara a su nieta recién nacida. Su partida con las manos vacías. La culpa. Sentir que su cabeza se quebraba. Un intenso tratamiento por síndrome de estrés postraumático. El regreso a Bagdad meses después. Su acercamiento a un orfanato y la profunda decepción que siguió al saber que por ser extranjera la adopción no era posible. Fue en ese viaje que Karen Marón supo que tenía una historia personal con Irak.
Desde entonces regresa todos los años consecuentemente para retratar el dolor de las víctimas, para caminar entre los campos de desplazados y hospitales, y recoger historias de sufrimiento. No quiere verse vulnerable, pero sus ojos la delatan: se humedecen con frecuencia y recorren su cuenca como si estuvieran en busca de una salida. Los momentos de fragilidad se ocultan al segundo siguiente cuando se distancia de sus recuerdos y recupera la fluidez de sus palabras que pocas veces extravía. Está acostumbrada a narrar, a describir con detalle las fotografías que guarda en su memoria.
Karen creció en un poblado ubicado a 35 kilómetros de Buenos Aires, donde se le hizo natural convivir entre contrastes sociales. Su familia pertenecía a la “típica clase media argentina”, pero a los lados de la calle podía ver otras realidades confrontadas: por una parte, barrios cerrados con casas lujosas, y del otro, las llamadas “villas miserias”, donde crecían niños desnutridos y eran frecuentes hechos de violencia. “Todos esos paisajes, esas miserias, han sido parte de mi vida desde siempre. Podía salir y entrar de mi mundo y al de los otros de forma muy natural. Ese contexto me dio una adaptabilidad que es determinante para un periodista”.

Cuando en el año 2000 se fue con una beca a Israel, ocurrió la segunda Intifada. Allí obtuvo su primera experiencia como periodista en una zona de conflicto, donde trató temas como el proceso de paz y la visita de Yasser Arafat a Belén en Navidad en el año del jubileo.
Actualmente acumula una larga experiencia como corresponsal: ha realizado coberturas en Líbano, Siria, Jordania, Colombia, Perú, Chipre, Gambia, Túnez, Venezuela y países de la Unión Europea.
Con frecuencia deja claro que necesita tiempo para conocer las culturas y amasar en su cabeza el caos de cada lugar. Por eso prefiere la condición de periodista independiente. “Desde hace 7 años soy freelance y decido a qué conflicto voy y cuánto tiempo permanezco. En un trabajo de agencia, con tiempos limitados, es muy difícil descubrir culturas, idiosincrasias, religiones diferentes. Las guerras son un aprendizaje. Con estar sólo 10 o 20 días no puedes conocer el conflicto”. En su primer viaje a Irak permaneció en Bagdad durante cuatro meses y medio.
“Ingresé a Bagdad por primera vez el 7 de abril de 2004 para cubrir el primer aniversario de la ocupación. En el momento que se produjo la invasión estuve tratando de conseguir una visa, pero no pude, como otros tantos corresponsales. La entrada fue muy complicada. Iba a entrar por tierra, pero en ese momento empezaban los secuestros masivos de periodistas, así que llegué en avión, en un viaje que dura unos 45 minutos desde Jordania”.
“Cuando aterrizas en Bagdad, el avión baja como si fuera un sacacorchos, para evitar el impacto de los misiles tierra-aire. Allí es cuando te das cuenta que estás llegando a Irak. El avión se pone de costado y empieza a bajar en espiral. El aeropuerto es militar, con mucha presencia de las tropas estadounidenses, ves vehículos y helicópteros de combate. Alambres de púas, barricadas de cemento, en aquel momento estaban las tropas desplegadas por las calles en forma constante, ataques con morteros y carros bombas en tu hotel. Todo gris, oscuro, sucio. Los edificios destruidos”.
Karen Marón se recuerda a los 7 años frente a la televisión, casi paralizada haciendo preguntas sobre el conflicto árabe-israelí; y a los 12 años, con un grabador enorme haciendo un trabajo para la escuela. El paso por una radio comunitaria a los 18 le confirmó su deseo de ser periodista, estudios que combinó con los de Derecho.
Karen Marón, en un campamento shiita en las afueras
de Bagdad. Junio de 2004
"Una mamá me decía: Tengo tanto miedo por mis hijos que he pensando en que duerman los cinco juntos en la misma habitación para que si los llegan a matar, los maten a todos. Pero luego pienso: No, es preferible que durmamos separados para que al menos alguien se salve. ¿Estás entendiendo lo que esa mujer está sufriendo?
¡Que está preparada para morirse con todos sus hijos! ¡Eso no es una situación normal! Yo ni siquiera lo puedo procesar”.
Las madres de Abu Ghraib
Durante su primera estadía, Karen escribió un reportaje sobre la cuestionada cárcel de Abu Ghraib, luego publicado en el diario El Espectador de Colombia. Este artículo fue el primero en abordar el tema en un medio latinoamericano. La cárcel, símbolo de atropellos en tiempos de Saddam Hussein -donde fueron torturados y ejecutados miles de prisioneros políticos o utilizados en experimentos con armas químicas y biológicas-, fue retomada con la ocupación para fines similares: la tortura y la humillación.
“Cuando llegué, los iraquíes contaban que en la cárcel de Abu Ghraib estaban torturando, matando y desapareciendo gente, pero no había pruebas. En realidad, el Comité Internacional de la Cruz Roja lo había denunciado y también Amnistía Internacional, pero para entonces no habían salido imágenes profesionales”.
“Abu Ghraib está a 30 kilómetros al oeste de Bagdad, muy cerca de Faluya. Fui varias veces a la cárcel, pero no me dejaron ingresar. Así que decidí trabajar sobre las madres que estaban afuera esperando con un calor de 56 ºC bajo el sol, reclamando por sus hijos. Ese artículo lo denominé Las madres de Abu Ghraib. Eran sobre los familiares de detenidos y desaparecidos, las madres reclamando por sus hijos contándote cómo fueron detenidos, sacados de sus casas e incluso torturados delante de ellas”.
“Era mi primer trabajo en Irak y para mí era muy significativo, porque además contaba la historia de los abusos a los derechos humanos, de los atropellos y de las muertes que se estaban cometiendo”.
Generación del terror
Para Karen Marón, Irak es la gran historia periodística de esta época, aunque por razones de seguridad los periodistas que la cubren no lleguen ni a 10 por ciento de los que comenzaron, e incluso algunos aseguren que la historia ya pasó.
“Creo que en Irak y en toda la región se dirime la situación política global, en lo estratégico, geopolítico y económico. Es además el primer genocidio de este siglo. El ejército más poderoso del mundo que ha quedado empantanado por grupos de la resistencia, entrampado en un lugar del que decían que salían en seis semanas o en seis meses. Por otro lado, ver cómo su presencia abrió las puertas de Al-Qaeda que nunca había tenido poder dentro de Irak. Todo eso habla de la ignorancia que tiene Occidente con respecto al mundo oriental”.
“Lamentablemente, lo que uno está viendo como periodista, es la historia del deterioro de una nación y de un pueblo. Más allá que la invasión y la ocupación, se trata de uno de los más grandes errores estratégicos de Estados Unidos. Entender cómo antes los iraquíes convivían pacíficamente -por supuesto a través de la presión del régimen-, y ahora vecinos o familiares se han convertido en enemigos”.
“Lo que está pasando en Irak es absolutamente obsceno. No sé si las cifras de muertos que informa el Departamento de Estado norteamericano son ciertas. Lo que sé es lo que veo cada vez que voy: el deterioro del cuerpo y de la mente de los iraquíes. El paisaje es desolador, los negocios cerrados, todo cada vez más deteriorado, lo que explotó no se reconstruye. Un 70 por ciento de lo iraquíes están sufriendo estrés postraumático por la guerra. Hay aparición de nuevas enfermedades, abortos espontáneos, nacimientos prematuros”.

“Cada vez que vuelvo, eso se va intensificando cada vez más, aunque ahora no ves casi tropas de ocupación en la calle porque la mayoría están en bases militares. Lo que ves son los check points de la policía iraquí o de los militares iraquíes, que ahora se confunden. Porque el ocupado ha asumido la actitud y el porte del ocupante. Es muy interesante psicológicamente. No siempre es fácil identificar si se trata de un soldado estadounidense o iraquí”.
“Yo no conocía Bagdad antes de la invasión. Dicen que era una ciudad muy bella. Pero después de estar allí en tu mente lo que persiste son imágenes muy grises. Se te hace difícil respirar. Si lo tienes que representar se siente como una energía muy pesada. Con el tiempo te vas acostumbrando y es terrible, porque explotan carros bomba en tu hotel o a cien metros de donde estás. Y secuestran a tus compañeros, y se mueren tus compañeros o los decapitan. Todo el tiempo te estás enfrentando con tu propia muerte”.
(...) Su acercamiento a un orfanato y la profunda decepción que sintió al saber que por ser extranjera la adopción no era posible. Fue en ese viaje que Karen Marón supo que tenía una historia personal con Irak (...)
“La vida en Bagdad depende de la etnia a la que pertenezcas. Hay una gran cantidad de desersión escolar, un 50 por ciento de desocupación. Sin embargo, aquellos que han empezado a trabajar con las fuerzas de ocupación, por ejemplo, han mejorado sus vidas. Pero por otro lado están pagando ser acusados de colaboracionistas por parte de la resistencia sunita, o de apóstatas infieles por Al Qaeda. Entonces, aunque tienen trabajo, les ponen un carro bomba en el mercado y se mueren trescientos”.
“Lo que se ejerce es el terrorismo. No es la búsqueda militar, sino la búsqueda de una generación del terror. Se genera con los asesinatos selectivos, las cárceles clandestinas, los grupos paramilitares iraníes, Al Qaeda, porque cualquiera puede ser un Al-Qaeda. Todos los días aparece “el ejército islámico de no sé qué...”. El daño que se ha hecho es tan mayúsculo. Lo que se ha roto es el tejido social”.
La historia desde las víctimas
Algunos corresponsales se interesan por explorar el frente político o el militar. Otros se ocupan del frente diplomático. Karen Marón deja claro que ella busca las historias de las víctimas.
“Me parece que estamos tan contaminados visualmente, que vemos una película cualquiera y vemos un carro bomba estallar en Irak y nos parece lo mismo; pero además decimos: ya estoy cansado de lo que pasa en esa guerra. No es que estalle un carro bomba en Irak, sino cuántas personas se murieron, cuántas madres se quedaron solas, cuántas esposas, cuántos niños se quedaron sin padres. Todo eso es una cadena de agravamiento de dolor. Eso es lo que yo hago en la guerra: escribo la historia desde las víctimas. Si te quedas en la anécdota de cubrir la guerra, es una anécdota más. Hay periodistas que se ponen el casco que dice Press y el chaleco. Yo les digo turistas bélicos. Están los tipos que son los mercenarios, los que se lucran con la guerra, buscan la sangre y no les importa qué hay detrás de eso”.
“Lo más terrible es lo que hay en la mente de la gente. Una mamá me decía: Tengo tanto miedo por mis hijos que he pensando en que duerman los cinco juntos en la misma habitación para que si los llegan a matar, los maten a todos. Pero luego pienso: No, es preferible que durmamos separados para que al menos alguien se salve. ¿Estás entendiendo lo que esa mujer está sufriendo? ¡Que está preparada para morirse con todos sus hijos! ¡Eso no es una situación normal! Yo ni siquiera lo puedo procesar”.
En una gruesa carpeta, Karen guarda artículos de prensa y fotografías varias de sus entrevistados. En casi todas las imágenes ella está incluida: cerca de familias afectadas en campos de refugiados, rodeada de niños en el desierto, a la salida del hospital con algunos heridos. Comenta que siente empatía hacia el dolor ajeno y que se toma el sufrimiento de otros como propio. Recorre historias de los iraquíes a través de las imágenes y habla más pausadamente cuando se trata de niños. Karen aspira el humo de su cigarrillo como si en él encontrara impulso para seguir hablando.
“Una de las historias que me conmovió fue la de un chiquito que se llamaba Alí, de cuatro años, que perdió su brazo y su pierna izquierda. Iba con su abuelo de la mano en un mercado en Faluya cuando recibieron ataques de F16. Su abuelo murió en forma instantánea al igual que 16 miembros de su familia”.
“Todos tienen un muerto en su familia o un desaparecido. Uno de ellos me contaba que su bebé de cinco meses murió congelado cuando decidió refugiarse en las montañas, camino a Irán. Eso fue cuando Hussein corrió a los kurdos. Lo sorprendente es que no tenía ni una gota de rencor, porque consideraba que eso había sucedido porque Dios así lo quería. Es así como puedes ver en el mismo lugar un odio reconcentrado y actos de perdón casi angelicales”.
“Si voy a las guerras es por los niños. No soy adicta a la adrenalina y no me produce ningún tipo de emoción estar en la guerra. Hay mucha gente que habla sobre la paz como un discurso abstracto, pero me parece que para hablar de la paz hay que saber lo que es la ausencia de paz, que es precisamente la guerra. Intento que no se vea la guerra como un entretenimiento”.

“La reconstrucción es una gran estafa, nada se ha reconstruido en cuatro años. Se han firmado contratos billonarios que después se han revendido y vuelto a revender. Hay corrupción por parte de las empresas estadounidenses y por parte de las iraquíes también. Por eso es que apenas hay energía eléctrica o que no hay agua potable, o gas, o la posibilidad de hacer llamadas al exterior. No hay medicinas básicas y 70 por ciento de los iraquíes que entran heridos a los hospitales mueren porque no hay medicinas. Vas percibiendo en los ojos de la gente esa amargura. Hoy en día la gente dice: preferimos al dictador porque aunque no teníamos libertad, teníamos seguridad. Los chiítas, que eran las grandes víctimas e hicieron todo lo posible por derrocar a Saddam Hussein son los que hoy te dicen que prefieren ser sometidos por su presidente que por el colonizador. Lo que persiste es el reclamo permanente”.
Kirkuk, Agosto de 2005.
(...) Su acercamiento a un orfanato y la profunda decepción que sintió al saber que por ser extranjera la adopción no era posible. Fue en ese viaje que Karen Marón supo que tenía una historia personal con Irak (...)
“Para las mujeres occidentales es difícil trabajar allá. No puedes ni siquiera tocarle la mano a un hombre y debes siempre mantener cierta distancia. Hubo periodistas que me advirtieron: Te van a tocar el cuerpo, te van a tocar la cola, las nalgas, los pechos, te van a manosear… yo dije: Bueno, no pasa nada, la mente es superior. Pero justamente después de una ofensiva militar, voy con un camarógrafo y un fotógrafo a las puertas de Faluya para contar las historias de las víctimas, y siento que me tocan y me vuelven a tocar. En ese momento me doy cuenta que estaba rodeada por treinta hombres y me dio una angustia espantosa. Salí de allí avasallada, como violada. La verdad es que no pude evitar llorar, porque iba a contar las historias de sus mujeres, de sus hijas, y me maltrataban”.
“En ese preciso momento había mujeres periodistas en el hotel Palestina que recibían llamadas por teléfono obscenas. A una le apareció la cortina de su habitación rasgada y la llamaban a la habitación para decirle que la estaban viendo. A una fotógrafa estadounidense en Nayaf, en el sur, le quebraron costillas, la columna y hasta le reventaron los riñones”.
“Pregunté por qué pasaba eso y no me respondían. Finalmente, alguien me explicó: Es que nosotros consideramos que ustedes, por el hecho de ser infieles, que no son musulmanas, y que tienen la vida que tienen, son prostitutas. Porque nosotros las vemos en las películas, ustedes tienen muchos hombres, cambian de novio. Aparte, qué están haciendo acá, por qué no están en sus casas, con sus madres si son solteras; o con sus esposos si son casadas. Por eso tienen derecho a tocarte. Aquel día pensé: O esto me vence o sigo”.
“En mi segundo viaje se manifestó aquello de que ponías tu vida en manos de una persona que podía ser la que te traicionara. Quizás eso puede ocurrir en la vida cotidiana con un marido o un amigo, yo qué sé. Pero allí lo ves con claridad. Acertarlo y reconocerlo es también un aprendizaje. Descubres tu propia vulnerabilidad”.
“Me pasó con el chofer y traductor con el que trabajaba, Garigh. Lo contacté por un amigo de confianza. En el caso específicamente de Irak, casi le estás depositando tu vida a esas personas. Ellos conocen todos tus movimientos y pudieran ser las personas que te entreguen por una oferta económica o por presión de algún grupo terrorista. La presión es muy grande porque convives con alguien que puede ser el que te traicione”.
“Un día, Garigh me pone la mano en la pierna y me dice: Quiero tener un hijo tuyo. No es lo mismo que un hombre te ponga una mano en la pierna, se la quitas y te bajas del auto, a que lo haga en una zona en guerra, donde no conoces nada de nada. Le quité la mano y le dije: Nooo, Garigh, qué tal. Y me dijo: Entonces no somos más amigos, e hizo así (se pasó el dedo por el cuello en señal de decapitación). Aunque no lo quise más como traductor, cada vez que lo veía en el lobby del hotel, me hacía la señal. Eso tiene mucho impacto psicológico”.
Saber que tu vida está en manos de otros
Las condiciones de seguridad de Irak han impuesto una dinámica particular a los periodistas que la cubren. Karen ha preferido utilizar el hiyab al chaleco antibalas. Su nacionalidad no ha sido un problema en el lugar porque no pertenece a los países ocupantes; sin embargo, le han tocado algunas confrontaciones culturales por su condición femenina.
Karen Marón, en vivo desde Bagdad. 2005
“La reconstrucción es una gran estafa, nada se ha reconstruido en cuatro años. Se han firmado contratos billonarios que después se han revendido y vuelto a revender. Hay corrupción por parte de las empresas estadounidenses y por parte de las iraquíes también.”
“En Irak se habla mucho del periodismo de hotel. Estar en el hotel, recortar información de agencia, pegarla y fecharla. Se ha visto mucho de eso, por lo lejano y por lo difícil de corroborar. Yo como freelance tengo que hacer algo diferente, primero porque me resisto al periodismo de hotel, y segundo, porque debes hacer cosas especiales para que te compren tus clientes”.
“Como corresponsal de guerra probablemente vives en un día lo que no se vive en una vida normal en 50 años. Es un tobogán de emociones porque tienes alegrías, tristezas, preocupaciones. Es el ejercicio del periodismo en tiempo completo. Te enfrentas con la muerte, vives momentos de estrés que no son comparables con nada. Tienes tus propios temores y angustias, y además tienes que cumplir con el trabajo”.
“Luego compartes la alegría de llegar a la noche con tus pares, que son los únicos que te pueden entender. Hay una cosa también como tribal entre los periodistas, somos los mismos que estamos en los mismos conflictos. En el corresponsal hay también mucha soledad de la que poco se habla. La mayoría esconden historias personales muy fuertes, lo que pasa es que no las dicen. Cuando vuelves a tu vida normal, ¿cómo haces para contarle a la gente lo que viviste? Algunas personas te lo preguntan como si fuera una aventura y para uno en realidad fue un sufrimiento o una experiencia muy profunda que prefieres no contar”.
“Más de una vez he dicho, no vuelvo más porque me afecta física y mentalmente, sin embargo no puedo dejar de volver. Para mí Irak casi se convirtió en una causa”.
*Ana María Carrano es nuestra corresponsal en Caracas, Venezuela. Su actividad periodística siempre ha estado ligada al medio cultural venezolano. Dirige proyectos editoriales y magazines en su país.
El oficio de ser el testigo
El paso por las guerras ha plasmado en el rostro de Karen una mirada afectada. Habla de su infancia como hija única, de haber crecido sobreprotegida “casi patológicamente” por su madre, de la pérdida de su padre a los cinco años de edad y, como consecuencia, de la necesidad de fortalecer su lado masculino. “Hizo que yo desarrollara una personalidad que sacara el hombre y la mujer que llevo dentro, y eso me ha ayudado en las guerras: una puede ser tan femenina, pero a veces tienes que soportar situaciones para las que ni tu cuerpo está preparado”. También habla de una búsqueda de libertad personal a través del periodismo, espacio en el que puede canalizar algunas de sus necesidades humanas.

Luego de tres años y medio presenciando la guerra en Irak, la argentina Karen Marón es reconocida por el Club Internacional de Prensa de Madrid como la periodista latinoamericana con mayor permanencia en en ese país durante la ocupación. Su trabajo como corresponsal independiente ha sido valorado por 12 medios de comunicación.
The Latin-Canadian Organization of Human Rights and Freedom of Expression / Organización Latino-Canadiense de Derechos Humanos y Libertad de Expresión
Reportes ESPECIALES
Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) juzga a multinacionales por violación de DDHH en Colombia
Ver más...
Poetry and Socialist Politics
Joe Rosenblattn discusses his past experiences as an industrial worker, relationship to socialist ideas
Disponible sólo en ingles
Multimedia
"Corresponsales de guerra reportan sentimientos desde el frente"
SERIES ESPECIALES
Más entrevistas exclusivas con corresponsales de guerra aqui
Javier ESPINOSA:
“La noticia está por debajo del ser humano”
Entrevista Exclusiva
Ver más...