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A diferencia de otras naciones donde la diáspora haitiana es muy grande, la República Dominicana es el único país en donde estos inmigrantes no tienen participación política, se les niega un documento de identidad y muchos son explotados y engañados por los empleadores, para finalmente ser deportados.
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Migraciones: Rutas, Sueños y Realidades
Desde 1941, entre los gobiernos de ambos países se desarrolló por muchos años un negocio de importación de braceros desde Haití a Republica Dominicana. Los haitianos contratados anualmente por el Consejo Estatal del Azúcar (CEA), han vivido históricamente en condiciones de miseria absoluta, y existe de hecho una diferencia notable entre lo que se conoce como bateyes centrales, que son los que están en el lugar de  la planta de tratamiento del azúcar - ocupados principalmente por dominicanos, donde se cuenta con escuelas y condiciones más dignas de vida - y los bateyes agrícolas, poblados principalmente por haitianos y en los que las condiciones penosas han generado informes de entes internacionales como la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el Centro Internacional para el Desarrollo Humano y otras; y más recientemente hasta la producción de documentales expuestos en festivales cinematográficos alrededor del mundo, haciendo pública la situación que viven los inmigrantes haitianos en territorio isleño vecino.

Esta migración hacia los campos de caña dominicanos se debe también en gran parte a la injerencia de los Estados Unidos en la Región del Caribe. Debido a diferentes situaciones internas en Haití, el proyecto de la caña no fue realizable en la isla, pero Washington apoyó la salida de miles de haitianos utilizados como mano de obra barata para los ingenios azucareros y como una válvula de escape para la situación conflictiva que desde entonces se gestaba en Puerto Príncipe.

Hoy en día, los emigrantes haitianos no solo tienen que soportar abusos por parte de sus patronos, en las plantaciones de caña o en las construcciones, sino también padecer todo tipo de discriminación y situaciones que pisotean su dignidad.

En muchos casos los haitianos contratados para periodos cortos en la industria de la construcción son engañados y una vez completado su trabajo son entregados a las autoridades de inmigración dominicana para que sean deportados, así sin recibir pago alguno se encuentran en el punto cero donde empieza la travesía nuevamente.

Xenofobia

Edwin Paraison , ex-Cónsul General de Haití,  en Santo Domingo, informó a Seinforma que en el año 2002 se realizaron dos estudios por parte de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales para hacer un estimado de la población haitiana que habita en la Republica dominicana.

Paraison citó que “Se llegó a la conclusión de que la población netamente haitiana está cerca de las 300,000 personas, mientras que si se toma en cuenta no solo la población autóctona haitiana sino también sus descendientes nacidos en la República Dominicana, entonces estamos hablando de más de 500,000 personas; Lo que representa alrededor del 6% de la población dominicana que está calculada en 8.6 millones. “(1)

Sin embargo, a diferencia de otros países donde la diáspora haitiana es muy grande, la República Dominicana es el único país en donde esta gran población haitiana no tiene participación política. Son aislados de la vida y quehacer político dominicano y continúan sus tradiciones en sus pequeños y cerrados círculos sociales.

La discriminación a la que son sometidos los haitianos y sus descendientes en la Republica Dominicana es tal, y las muestras de xenofobia se sienten tan fuertes, que a principios de 2008 en los muros cercanos a la embajada haitiana en el país se podían leer mensajes como “Muerte a los haitianos”, que posteriormente fueron removidos por grupos de solidaridad internacional y organizaciones civiles locales.

La situación de los derechos de los inmigrantes haitianos es un asunto que debe ser discutido y resuelto según los tratados de Derechos Humanos en cuestión de firmados por la República Dominicana.

No se puede negar que en los últimos años una gran cantidad de los que cruzan la frontera terminan en las calles de Santo Domingo mendigando. Se pueden ver a familias enteras que van por las calles padeciendo humillaciones y arriesgando sus propias vidas. En muchos de los casos son los menores de edad los que más padecen. De ninguna manera se justifica el trato discriminatorio del que son victimas a diario.

A pesar de que son manos haitianas las que han laborado en los cortes de caña desde 1919 y que miles de haitianos han sido los que han construido grandes ciudades de la mano con los mismos locales, en la República Dominicana se respira un ambiente netamente anti-haitiano. (Photos Carmen Maria Arguello/Series Especiales Seinforma)
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*Carmen Arguello es licenciada Relaciones Internacionales de la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos en Moscú, Rusia. Es Directora Académica del Instituto Cultural Dominico-Ruso y Asistente Consular en el Consulado General Honorario de la Federación Rusa en República Dominicana.

MIGRACIONES HAITIANAS A REPUBLICA DOMINICANA:
A comienzos del Siglo XX los haitianos comenzaron a desplazarse principalmente a República Dominicana, pero tambien buscaron nuevos horizontes en las Bahamas y en las colonias britanicas y francesas en el mar Caribe, como Turks & Caicos Islands (TCI), d’outre-mer (DOMs), Guadalupe, Martinica y Guyana. Via Dominicana, muchos haitianos usaron a Puerto Rico como escala favorita para alcanzar las costas estadounidenses, especialmente Florida.  (IIustration Waleska Medina/Series Especiales Seinforma Canada)
“La migración haitiana hacia los campos de caña dominicanos se debe en gran parte a la injerencia de los Estados Unidos en la Región del Caribe. Debido a diferentes situaciones internas en Haití, el proyecto de la caña no fue realizable en esa isla, pero Washington apoyó la salida de miles de haitianos para utilizarlos como mano de obra barata para los ingenios azucareros y como una válvula de escape para la situación conflictiva que desde entonces se gestaba en dicho país.”

coconut haitian
haitian shoebox
haitians sitting on fence
12/13/09
Por: Carmen Maria Arguello*/Series Especiales Seinforma

                                              
Santo Domingo.- La situación tan difícil que se vive en Haití por la falta de recursos y posibilidades para desarrollarse ha provocado grandes éxodos haitianos hacia diferentes países a través de los años; diásporas paulatinas que han continuado su cultura fuera de las fronteras nacionales.

Por su cercanía, la República Dominicana ha sido el destino favorito de estos inmigrantes. Miles de haitianos han cruzado los 388 kilómetros de frontera que dividen ambos países desde 1919, para encontrar oportunidades de empleo, ocupando inicialmente los espacios en la industria azucarera y pasando a través de los años a las grandes urbes para realizar obras de construcción y trabajos domésticos.
Pero a pesar de que han sido manos haitianas las que han laborado en los cortes de caña desde esa época y que miles de haitianos han sido los que han construido grandes ciudades de la mano con los mismos dominicanos, en la República Dominicana se respira un ambiente netamente anti-haitiano, originado en la época de la dictadura trujillista.

En ese periodo se manejó el asunto de la migración haitiana como supuestos propósitos expansionistas por parte de Puerto Príncipe y su gobierno, produciendo muchos estereotipos y prejuicios que se han conservado gracias al mantenimiento de esa política que le sucedió a la dictadura del Generalísimo Trujillo desde 1930 a 1961, gracias a su discípulo y sucesor Joaquín Balaguer.

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HAITI (I)
Eso es lo más difícil de la migración a nivel mundial, el desamparo en el que coloca a millones de niños alrededor del mundo. Miles de niños y niñas haitianos deambulan por las calles sin conocer sus derechos. Ellos pasan los días limpiando cristales  de carros en los semáforos, vendiendo botellas con agua para apaciguar la sed de otros, sin saber que la sociedad que los oprime y los denigra está obligada a garantizar que ellos, los más indefensos, no tengan que pasar por ese infierno. Rostros cansados, sin alegría, sin educación formal, sin un techo digno y sin la protección de ninguna autoridad estatal.

La situación que enfrentan no solo la primera generación de inmigrantes haitianos en la República Dominicana, sino también las segundas y terceras generaciones es muy dura. El caso de Joseph, un inmigrante haitiano que con el auspicio de la Secretaría de Educación entró al país hace más de
20 años, demuestra la realidad de muchos. Teniendo un permiso para estar en la República Dominicana, Joseph y su esposa procrean hijos, a los cuales hoy, después de 18 años y muchas vejaciones les ha sido negado el derecho a su documento de identidad, sin más razones aparentes que simplemente el hecho que sus padres cruzaron la frontera.
Tras años de servir a esta sociedad, trabajando, pagando impuestos, se les niega cualquier posibilidad de incorporarse como iguales a la estructura social dominicana.

Muchísimos organismos internacionales trabajando el tema dominico-haitiano a través de los años no han logrado deshacerse del odio racial que crece en los dominicanos y dominicanas. No se ha podido concienciar a la población que el conflicto como tal no existe y quizás nunca ha sido real, sino simplemente un enfrentamiento entre los gobiernos, un enfrentamiento de gabinete, pero no entre su gente.

La verdad es que mientras estas organizaciones luchan por un cambio en la legislación y mientras se trata de hacer algo para acabar con la discriminación, siguen habiendo miles de niños y niñas haitianos en las calles de Santo Domingo, traídos para encontrar una mejoría social, pero es realmente triste que lo único que encuentran son múltiples peligros en las calles y una vida que seguirá vinculada a la pobreza, hasta que los gobiernos y la sociedad no hagan algo concreto para empezar a combatir esta dura realidad.

Notas:
1. Inmigrantes Haitianos y dominicanos de ascendencia haitiana en la República Dominicana, Bridget Wooding y Richard Moseley-Williams, Publicado por La Cooperación Internacional para el Desarrollo y el Servicio Jesuita a Refugiados y Migrantes. 2004.